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domingo, 1 de junio de 2014

¡Menuda noche de carnaval!

vampiro
Ilustración Vamp by Puñués


¡Menuda noche de carnaval!

De madrugada, en un callejón tenebroso, escuchas murmullos en la oscuridad. Se acercan: confusos, vagos, imprecisos. Alguien te llama… ¿no oyes? Pronuncian tu nombre. Giras la cabeza siguiendo el instinto. Nada. Será el viento frío. La noche tiene el don de hacer las cosas más intensas: las lecturas, los licores, el frío… ¡hasta el miedo asusta más! Esbozas una sonrisa con este pensamiento y te enfundas en un valor fingido mientras apresuras el paso. 

Estás a veinte metros del cajero automático, tu destino. Tus pasos taladran la calle mojada. Quince metros. Las hojas caídas braman a la fuerte ventolera. Diez metros. Detrás de ti, un alboroto metálico te aviva el pulso. Cinco metros. Unos gatos malhumorados maúllan violentos rebuscando manjar en los cubos de basura. Tres metros. Vuelves a escuchar tu nombre: no hay nadie detrás. Un metro. Sientes un roce en el cuello… Entras sofocado y cierras el pestillo. Miras hacia fuera. Sigues sin ver nada a través del cristal. Los nervios te traicionan; empiezas a reír. Tienes que calmarte y cuentas hasta diez. Uno, dos, tres. Jadeas. Cuatro, cinco. Inspiras y exhalas buscando la calma. Seis, siete, ocho. Respiras con normalidad. Nueve. Sonríes a tu reflejo en el cristal. Diez… Alguien se proyecta detrás.

A la mañana siguiente, David se despierta con un profundo dolor de cabeza. Sus huesos rechinan penosos ante la tenaz insistencia de sus músculos doloridos… ¡Menuda noche de carnaval! Está tan molido que le parece que un tren lo acabase de atropellar y cuando abre los ojos, se alegra mucho de no ver las vías… ¡Menuda noche de carnaval! Se incorpora entre bostezos. Estira los brazos al aire y, en ese momento se da cuenta de dónde está. ¿Qué pasó? Recuerda la borrachera, recuerda el frío y que se metió en un cajero automático para marinar la merluza*. Sólo muy vagamente aparecen atisbos de aquel señor. Entró descompuesto y descolorido… No recuerda más. Y allí sigue tumbado. Abre la puerta y se va.

Noticiario: Muere un hombre en un cajero de causas naturales, no obstante, la policía busca a un “vampiro” que fue visto salir del lugar.

* Dícese de las personas ebrias que gustan, además, de fumarse un porro.
©Ainhoa Núñez

1 comentario:

  1. Un relato no menos que extraño e inquietante, te felicito, un abrazo.

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